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Pues siguiendo el consejo de Enrique, este mes vamos a estar
muy atentas a los detalles, aunque, en nuestro caso, espero que lo único que
encontremos escondido sea un poquito de historia.
En nuestros caFERcitos Colungueros anteriores, cuando hablamos de recuerdos, terminamos inevitablemente evocando a Manuel Fuentes Guerra, Ricardo o Luis y todo lo que la interpretación de Fer nos hizo sentir.
A partir de ahí, fueron
apareciendo muchos comentarios sobre algo que a veces pasa desapercibido: el "contexto". Ese entorno en el que ocurre la historia y que, sin darnos cuenta,
termina influyendo muchísimo en la manera en que entendemos a cada personaje.
No tengo dudas de que las tres novelas de época en las que
participó Fer contaron con equipos de producción muy sólidos, capaces de cuidar
y potenciar cada detalle. Pero esta vez me gustaría ir por otro lado y
aprovechar septiembre para rescatar esos pequeños "aprendizajes" que estas
historias nos dejan desde el punto de vista histórico.
Antes, sí creo que vale la pena hacer una distinción
sencilla: no es lo mismo un melodrama histórico que uno de época.
El melodrama histórico, en teoría, debe mantener una
relación mucho más estrecha con los hechos reales. Fechas, procesos,
personajes; todo eso forma parte del esqueleto de la historia. Si se altera
demasiado, algo se rompe.
En esta categoría podríamos incluir icónicas producciones
mexicanas como Senda de Gloria (1987), que recorre distintos momentos de la
historia de México entre 1917 y 1938, incluyendo los cambios sociales y
políticos de esas décadas, y en la que el contexto histórico acompaña la
evolución de los personajes.
También El Vuelo del Águila (1994), centrada en la vida de
Porfirio Díaz y en el periodo del Porfiriato, que podríamos considerar
prácticamente una biografía novelada con una sólida base histórica.
Y la última de estas producciones, aunque no por ello la
menos importante, fue La Antorcha Encendida (1996), que recorre el camino hacia
la Independencia de México desde 1785 hasta 1810. Aquí los personajes ficticios
conviven con figuras históricas reales y los acontecimientos políticos van
marcando el rumbo de la historia.
Todas estas historias fueron producidas por el gran Ernesto
Alonso, quien tenía una fijación muy marcada por el contexto histórico. No
hacía estas historias solamente para ambientarlas en el pasado, sino casi como
una forma de contar la Historia desde lo dramático.
El melodrama de época, en cambio, juega con mayor libertad.
No puede desentonar con lo que sabemos del periodo - vestuario, costumbres,
lenguaje, formas de vida -, pero no está necesariamente atado a personajes o
acontecimientos históricos concretos. Su objetivo no es contarnos la historia
tal como ocurrió, sino recrear un mundo creíble en una época determinada. La
historia principal puede ser completamente ficticia.
Tomando esto en cuenta, resulta fácil ubicar a Amor Real,Alborada y Pasión en este tipo de producciones. Y podríamos sumar incluso El
Conde: Amor y Honor, aunque nos lleve a una época bastante más cercana ya que la
historia comienza en los años 30 y posteriormente da un salto a los años 50.
Investigando un poco, descubrí además que existe una zona intermedia muy interesante: una telenovela puede ser, al mismo tiempo, histórica y de época.
Por ejemplo, si cuenta una historia ficticia de amor
durante un acontecimiento histórico real, incorporando personajes y hechos que
realmente existieron, podríamos decir que es de época por su ambientación e
histórica por su contenido.
Entonces, la idea para este caFERcito de septiembre es
bastante simple: empezar a identificar y compartir esos elementos de la vida
cotidiana de la época que fueron incorporados a la ficción y que llamaron
nuestra atención en las diferentes novelas.
Podemos fijarnos en los diálogos, las costumbres, los ritos, la forma de relacionarse, los objetos que aparecen en escena, la utilería, la escenografía, los peinados, el maquillaje, el vestuario, en fin, en todos esos pequeños detalles que nos hayan dejado algo más que la historia de amor en sí.
Esas pequeñas cosas que quizá llamaron nuestra atención sin que supiéramos
exactamente por qué y que, cuando las miramos con un poquito más de
detenimiento, pueden enseñarnos cómo se vivía en esas épocas.
Algo así como "lecciones de telenovela".
Y aunque estamos hablando de épocas que ninguna de nosotras vivió - con la excepción de tal vez años cercanos que aparecen en El Conde -, quizá descubramos que no todo nos resulta tan lejano.
Tal vez alguna recuerde
haber visto a sus padres, a sus abuelos o a alguna persona mayor de la familia
conservar una costumbre, utilizar algún objeto, preparar algo de determinada
manera o hacer algo que hoy nos parece curioso y que, sin saberlo, tenía sus
raíces en costumbres mucho más antiguas.
Me parece que también sería bonito rescatar esos recuerdos. Porque a veces la historia no está solamente en los libros ni en lo que vemos en una telenovela: también puede estar escondida en esas pequeñas cosas que vimos hacer a nuestros mayores y que nunca nos preguntamos de dónde venían.
Se me ocurre que podríamos compartir estas "lecciones" sin
un orden en particular, simplemente según vayan apareciendo en la memoria de
cada una. Lo más seguro es que, cuando alguien mencione un detalle, eso
despierte la memoria de algunas de nosotras de algún otro, aunque no sea de la
misma novela.
Yo, confieso, ya tengo una lista larga? jijiji. Mi TOC TOC
ahí no negocia mucho. jijijij Pero seguro ustedes también tienen las suyas, y
justamente de eso se trata: ir armando, entre todas, una especie de memoria
compartida y, de paso, aprender un poquito más de historia sin sentir que
estamos "estudiando".
Y quién sabe, a lo mejor alguna quiere mencionar algo que le llamó la atención de alguna de las novelas y no tiene ni idea de si es real, si corresponde a ese contexto histórico o si simplemente fue una licencia de la ficción. Yo, feliz - ya que estoy jubilada, tengo tiempo y un TOC TOC bastante activo para estas cosas - me pongo a investigar para contárselo.